CPA FERRERE
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El gran susto colectivo (ii)

En la columna del 30 de agosto, comenté sobre el Índice de Aversión a la Incertidumbre (IAI) elaborado por el Prof. Hofstede, y sus resultados para Uruguay. Como mencioné entonces, Uruguay figura dentro de los 70 países analizados como el 4to país con mayor aversión a la incertidumbre, revelando que la sociedad uruguaya es extremadamente aversa al riesgo, no acepta los cambios con facilidad, y se esfuerza por controlar todo, de forma de eliminar o evitar lo inesperado. Como se analizó, al menos parte de esta fuerte aversión a la incertidumbre podría explicarse por el pasado macroeconómico volátil y turbulento de Uruguay.

En la presente columna comentaremos otro indicador elaborado por el Prof. Hofstede, el Índice de Individualismo (IDV), que mide el grado de individualismo/colectivismo de las sociedades. En sociedades individualistas, los lazos sociales tienden a ser débiles, y los individuos se hacen cargo sólo de su propia suerte y la de sus familiares cercanos; en sociedades colectivistas, las personas tienden a ser parte de grupos cohesivos que se extienden más allá de sus familias cercanas. Cabe destacar como lo señala Hofstede, que el sentido de la palabra ?colectivismo? tal y como está recogida en el IDV, no tiene un significado político, sino que refiere a la pertenencia de individuos a grupos sociales diversos que protegen los intereses de sus integrantes a cambio de fidelidad.

En general, los resultados para el IDV estimado por Hofstede muestran que los países desarrollados y/o anglosajones tienden a presentar sociedades con un alto grado de individualismo, mientras que países en desarrollo tienden a presentar un mayor grado de colectivismo. Y como era de esperar, la sociedad uruguaya muestra un grado relativamente alto de colectivismo (aunque algo menor al de otros países Latinoamericanos).

¿Qué reflexiones merecen estos resultados? En primer lugar, no creo que sea posible decir que estos resultados del IDV para Uruguay sean sorprendentes, de la misma forma que no resultaba sorprendente que el IAI revelara que la sociedad uruguaya es muy aversa a la incertidumbre. En segundo lugar, tampoco creo sea posible afirmar que el rasgo ?colectivista? de la sociedad uruguaya sea necesariamente un defecto o desventaja en sí mismo. De hecho, es posible que algunos lectores entiendan que una sociedad colectivista, en la cual existen fuertes lazos cohesivos de individuos hacia determinados grupos sociales, es desde algún punto de vista (filosófico, sociológico e incluso espiritual) una sociedad más sana que una compuesta por individuos que tienden a pensar sólo en sí mismos.

Como siempre, seguramente los factores explicativos que están detrás de esta preferencia colectivista de la sociedad uruguaya son múltiples y complejos, no pretendo aquí listarlos. Pero cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Acaso no es posible que en sociedades tan aversas a la incertidumbre como la uruguaya, dicha preferencia por lo colectivo sea finalmente una estrategia ?en buena medida inconsciente- para minimizar el impacto de lo incierto? ¿Será que buscamos integrar grupos sociales que representen nuestros intereses, porque tenemos demasiado miedo de enfrentar lo incierto por nuestra cuenta?

Lamentablemente, las anteriores son más provocaciones retóricas que preguntas, porque no tengo una respuesta definitiva (o más bien, científica y objetiva) a las mismas. Sin embargo, sí puedo al menos analizar si los datos internacionales de Hofstede muestran alguna relación empírica entre aversión a la incertidumbre y preferencia por lo colectivo. Y en efecto, simples cálculos muestran que efectivamente existe una correlación positiva entre aversión a la incertidumbre, y el grado de colectivismo de los países. Es decir, sociedades con mayor aversión a la incertidumbre, tienden a ser más colectivistas (y viceversa).

Por tanto la conjetura propuesta aquí, es que la preferencia por lo colectivo podría ser entre otras cosas un reflejo natural de individuos que detestan o temen a lo incierto. Una estrategia necesaria para individuos que buscan pertenecer a grupos sociales que legitimen sus intereses, y que los defiendan ante cambios inesperados, abruptos e inciertos. Idealmente, grupos lo suficientemente fuertes como para que, en caso de enfrentar amenazas o pérdidas por cambios en el entorno económico, éstas puedan ser compartidas y diluidas en el resto de la sociedad.

Aprovechando que la presente no es una columna de demostraciones irrefutables sino de conjeturas, permítanme una conjetura adicional: ¿es posible que el miedo a lo desconocido y el afán por lo colectivo tengan relación con el desarrollo educativo de los países? Para aproximarme a la respuesta, analicé la relación entre los dos índices comentados, y los años promedio de educación de los individuos de los 60 países de la muestra. Los resultados muestran que no hay una relación clara entre aversión a la incertidumbre y años de educación, pero sí una muy fuerte relación negativa entre años de educación y colectivismo. Es decir, a medida que los años de educación de individuos aumentan, las sociedades se presentan menos colectivistas, y más conformadas por personas que prefieren enfrentar individualmente su suerte.

En definitiva, la aversión a la incertidumbre de una sociedad, su preferencia por lo colectivo y el grado de educación de sus individuos, son factores que parecen estar interrelacionados entre sí. En el caso de la sociedad uruguaya, esta combinación de factores muestra a una sociedad de educación media, que se apega a lo colectivo y que tiene mucho miedo a lo incierto. Ante este panorama, una pregunta final: si nuestra falta de desarrollo educativo es en parte responsable de nuestro susto colectivo, pero a su vez la fuerte aversión al cambio y las actitudes corporativas nos impiden introducir cambios educativos necesarios, ¿cómo haremos para romper con este círculo vicioso y temeroso? Por algún motivo, no me animo a dar una respuesta.

Escribe: Ec. Rafael Mantero
Analista de CPA Ferrere.

Nota publicada en el diario El Observador en edición del día Martes 27 de setiembre de 2011