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Hombre mirando al Noreste

Por Rafael Mantero ? Especial para El Observador

Desde siempre, los uruguayos nos hemos acostumbrado a mirar hacia el otro lado del Río de la Plata en el intento de anticiparnos a las tormentas. Tantas veces hemos atestiguado cómo una lluvia copiosa en Buenos Aires se sigue por una tormenta en Montevideo horas después, que la regla de predicción ha adquirido una validez empírica casi incuestionable. De forma similar, durante décadas hemos mirado con atención el clima económico de Argentina, ya que la historia reciente también nos ha mostrado que cuando la economía argentina ingresa en fase de tormenta, es hora de abrir el paraguas en Uruguay. Pero en lo que a la economía refiere, lo cierto es que los uruguayos tenemos cada vez menos razones para centrar nuestra atención en Argentina, y simultáneamente, más razones para hacerlo sobre Brasil.

El debilitamiento de la influencia que históricamente la economía argentina ha ejercido sobre la uruguaya comenzó a gestarse luego de la crisis de 2002, por varios factores que han operado en forma aditiva. En primer lugar, las distintas formas en que Argentina y Uruguay resolvieron sus problemas de deuda soberana nacidos en sus respectivas crisis (el primer país con un canje poco amigable que obligó aceptar quitas de 75%, y el segundo con un canje amigable que fue alabado por los mercados internacionales) marcaron desde 2003 un quiebre en la forma en que ambos países se insertaron en los mercados financieros externos. Mientas que a partir de entonces Argentina quedó aislada de los mercados internacionales y dependiente de su ahorro interno, Uruguay fue capaz de acceder con relativa rapidez al fondeo externo en los años posteriores. En consecuencia y desde entonces, los mercados financieros internacionales han distinguido nítidamente entre Argentina y Uruguay, y los niveles de riesgo país prácticamente han divergido.

En segundo lugar, es un hecho que la importancia de Argentina como socio comercial de Uruguay hoy, es menor a la que históricamente ha sido. En efecto, mientras que en el año 1998 las exportaciones de bienes uruguayos a Argentina representaban el 18,5% del total de bienes exportados, hoy ese porcentaje se ubica en 8,2%. La creciente inserción extraregional de las exportaciones agroindustriales uruguayas observada desde 2004 (motivadas por precios internacionales crecientes), sumada a una Argentina que por muchos años permaneció artificialmente barata gracias a un tipo de cambio subvaluado, llevaron a que Uruguay disminuyera sistemáticamente su dependencia a la demanda argentina. Adicionalmente, ese encarecimiento relativo de Uruguay sumado a puentes cortados por más de dos años, condujeron también a una reducción de la importancia relativa del turismo argentino.

Cuando a esta menor dependencia comercial y financiera de Uruguay a Argentina, se le suma una sistema bancario uruguayo que -a diferencia de 2001- se encuentra virtualmente libre de ?riesgo Argentina? (hoy sólo un 1% de los activos bancarios tiene como contraparte a no residentes, mientras que en 2001 ese guarismo era de 25%), se obtienen razones suficientes para concluir que Uruguay mantiene, quizás como nunca en su historia, una dependencia mucho más moderada a la suerte de la economía Argentina. Esto naturalmente no implica que Uruguay se ha ?inmunizado? a los aconteceres de la vecina orilla, sino simplemente, que su exposición es menor a la que siempre ha sido.

Pero como es de esperar para un país muy pequeño y abierto como Uruguay ?casi indefectiblemente dependiente de su entorno- , esta menor ascendencia de Argentina no ha quedado ?vacante?, sino que ha sido ocupada progresivamente por una mayor ascendencia de la economía brasileña. Desde el punto de vista comercial, si bien hoy Brasil es el principal socio comercial de Uruguay (siendo el destino de casi un 20% de las exportaciones de bienes), esta participación no es superior a la de 1998 -previo a la devaluación brasilera- cuando las exportaciones de bienes a Brasil alcanzaban casi el 33%.

Sin embargo, es claro que desde una perspectiva financiera y monetaria, hoy Uruguay se encuentra significativamente influenciado por la principal potencia de América del Sur. Primero, porque en los últimos años la evolución del riesgo país uruguayo se ha encontrado íntimamente asociada al brasileño. Sin pretender desconocer la importancia de los fundamentos domésticos en el precio de nuestra deuda soberana, es evidente que el principal determinante de nuestro spread soberano, es el spread de Brasil. En este contexto, el déficit fiscal brasileño merece ser monitoreado desde Uruguay. En segundo lugar y similarmente, hoy somos testigos de la importancia que posee el Real brasileño en el tipo de cambio en Uruguay. Esto sucede no sólo porque el mercado cambiario brasileño es hoy una suerte de referencia natural para los operadores financieros domésticos uruguayos, sino porque la propia política monetaria-cambiaria de Uruguay parece hoy estar diseñada para perseguir cierta estabilidad en la paridad Peso/Real, lo que implica que el tipo de cambio uruguayo tiende a acompañar en buena medida la evolución de la paridad Real/USD. En este contexto, vigilar la evolución de la competitividad de Brasil (y de su saldo de cuenta corriente) resulta pertinente para Uruguay.

Los cielos de la economía uruguaya lucen hoy bastante despejados, sin demasiadas nubes que amenacen en el horizonte inmediato. Pero si Ud. es de aquellos que prefiere mantenerse atento a posibles cambios abruptos de temperatura en la región, por las razones antes expuestas es probable que sea más apropiado centrar su atención en los cielos de San Pablo (o Brasilia), que en los de Buenos Aires. Ciertamente, no porque una tormenta en Brasil sea más probable que en Argentina, sino porque el viento en Uruguay esta vez sopla marcadamente desde el noreste.