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Perspectivas para el dólar: entre la "normalización" monetaria en EE.UU. y el estancamiento en Uruguay

En el marco de la reunión de clientes del Servicio de Análisis y Pronósticos Económicos realizada en el auditorio del Edificio FERRERE, los economistas Alfonso Capurro y Santiago Rego disertaron sobre los cambios recientes en el escenario internacional y su impacto sobre la actividad y los principales equilibrios macroeconómicos en Uruguay.

En primer lugar, Rego hizo foco en el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos y su impacto en la trayectoria del dólar a nivel global. Sobre este punto, destacó que la postergación de la suba de tasas y los ajustes en términos del timing del proceso estuvieron acompañados de una corrección de las expectativas sobre el dólar. Detrás de la postergación de la suba de tasas, los principales motivos están asociados al estancamiento de la economía mundial, los focos de riesgos globales aún latentes, la desaceleración de la actividad en Estados Unidos y las políticas monetarias expansivas que siguen desplegando los otros grandes Bancos Centrales del mundo. En este marco, el dólar continuó debilitándose en los últimos meses, fenómeno que si bien reviste un carácter global, ha sido asimétrico entre economías avanzadas y emergentes. Entre los distintos impactos de este fenómeno, el economista destacó sus efectos sobre el precio de los commodities, que también han sido apuntalados por algunas señales positivas desde China.

A nivel regional, Rego destacó que la situación en Brasil continúa siendo compleja a pesar de que los mercados financieros y las expectativas han recogido un panorama levemente más optimista durante los últimos meses. Sin embargo, la crisis actual sería de las más profundas y prolongadas de la historia, y además, restan muchos desafíos para reencauzar la recuperación, en particular en el frene fiscal. En el caso de Argentina, el economista destacó que si bien en los últimos meses hubo un importante deterioro macroeconómico, se espera un rebote de la actividad hacia el último trimestre del año. En ese sentido, la combinación del repunte económico con el mix de política económica actual (contracción monetaria y gradualismo fiscal) conducirían a un equilibrio con Tipo de Cambio Real (TCR) "apreciado", algo que supondría un shock de demanda positivo para Uruguay. No obstante lo anterior, Rego alertó que un eventual fracaso del rebote en los próximos trimestres podría obligar a relajar política monetaria, lo que invertiría el signo del shock que recibiría Uruguay desde Argentina.

En el plano local, Capurro analizó el desempeño reciente de la actividad, destacando que si bien la economía creció 1,4% en términos interanuales en el segundo trimestre, una vez depurado el efecto transitorio asociado al desempeño del sector de Electricidad, Gas y Agua (EGyA), el diagnóstico sigue siendo de estancamiento. Pese a ello, el Consumo parecería repuntar impulsado por la apreciación del peso (a pesar de que el deterioro del mercado laboral persiste) y las expectativas del sector privado revierten parcialmente la caída del 2015. En términos de perspectivas, si bien el balance de riesgos genera incertidumbre sobre el crecimiento 2017-18, las proyecciones se corrigen al alza: 0,6% y 0,9% respectivamente. En relación a los principales equilibrios macroeconómicos, la política fiscal logró revertir el deterioro del balance del sector público en el último año, aunque la corrección podría diluirse parcialmente para amortiguar otros desequilibrios. En términos de la competitividad, Capurro señaló que el peso uruguayo se ubicó entre las monedas que más se apreciaron desde mediados de 2016, fenómeno que conspiró contra la mejora del TCR que se había capitalizado en 2015. Sin embargo, la apreciación del peso permitió moderar las presiones inflacionarias, alejando la proyección del 10%. Para cerrar, Capurro destacó que la trayectoria esperada de tipo de cambio se corrigió a la baja respecto a las estimaciones previas, lo que supone una depreciación menor para los próximos dos años, y por ende, una mejora del TCR más lenta.