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Rebalance de prioridades de la política resigna la inflación en 2016: ancla fiscal y buffer cambiario

En el marco de la reunión de clientes del Servicio de Análisis y Pronósticos Económicos (SAPE) realizada en el auditorio del Edificio FERRERE, los economistas Alfonso Capurro, Gabriel Oddone y Santiago Rego disertaron sobre las perspectivas económicas para Uruguay en un contexto desafiante.

En relación al contexto internacional, Rego destacó que el mundo es menos dinámico y más incierto y alertó sobre los principales riesgos que podrían profundizar aún más el shock internacional negativo que ha recibido la economía uruguaya en el último año y medio. En ese sentido, señaló que la actividad económica mundial atraviesa una fase de crecimiento anémico, que afecta tanto a las economías emergentes como a las economías avanzadas. En particular, en la órbita emergente, la desaceleración se procesa de forma concomitante con la erosión de los fundamentos macroeconómicos, lo que se ha traducido en un proceso de flight to quality que ha afectado las paridades cambiarias y el precio de los principales activos financieros. En este sentido, por primera vez en 25 años, el flujo neto de capitales hacia emergentes habría sido negativo durante 2015, fenómeno que se explica principalmente por el repliegue de los capitales desde Asia.

Respecto a la Región, Rego destacó que el 2015 no fue un buen año a nivel regional a pesar de que el desempeño de Argentina y Brasil exhibió importantes diferencias. Del mismo modo, si bien las perspectivas también difieren, el escenario regional permanecerá desafiante durante este año. Por un lado, en Brasil el aumento de la tensión política impide corregir el rumbo macroeconómico y compromete el tímido crecimiento previsto para 2017. Por otro lado, en lo que refiere a Argentina, los ajustes introducidos por el nuevo gobierno, si bien promueven un reordenamiento económico favorable al crecimiento en el mediano y largo plazo, tendrían efectos recesivos sobre la actividad durante 2016. En especial, la negociación con los holdouts emerge como una instancia clave para definir con que intensidad se procesará el ajuste fiscal (y por ende qué tan severo será su impacto sobre el crecimiento en el corto plazo).

Respecto a Uruguay, Alfonso Capurro destacó que la economía se mantendría virtualmente estancada en los próximos dos años, consolidando tasas de crecimiento en torno a 0,5%. De todas formas, algunos factores externos podrían operar como amortiguadores. En particular, la significativa caída del precio del petróleo y las expectativas favorables en Argentina de un ajuste con apreciación del TCR. Capurro también señaló que el balance fiscal de 2015 evidenció un deterioro mayor al esperado, quitando margen de maniobra para ayudar a la política monetaria. En este sentido, el Gobierno promovió una corrección fiscal entre diciembre y febrero para evitar un desvío más profundo, lo que implicó resignar la inflación, que se ubicó por encima de 10% antes de lo esperado. Esto dejo en evidencia un cambio dentro del balance de prioridades de la política económica, que priorizó el ancla fiscal en detrimento de la estabilidad de precios. Asimismo, alertó que bajar la inflación en base a política monetaria supone terminar restringiendo la flexibilidad cambiaria como amortiguador de los shocks internacionales. Por último, destacó que los recientes anuncios de política económica orientados a contener la dinámica de precios probablemente contribuyan a evitar la espiralización de precios, pero resulten insuficientes para bajar la inflación.

Por último, Gabriel Oddone destacó que para mantener el investment grade se requiere asegurar la sostenibilidad fiscal y capitalizar ventajas institucionales en acciones macroeconómicas que corrijan desbalance fiscal y bajen inflación. En este sentido, la reacción de la política económica y sus resultados serán claves para mantener la calificación crediticia.